Esclerosis múltiple - De interés - Importancia del diagnóstico precoz

La esclerosis múltiple es una enfermedad que evoluciona en forma de brotes y se debe asumir que cuantos menos episodios neurológicos tenga el paciente, menos secuelas de tipo neurológico va a presentar, por eso es muy importante el diagnóstico precoz.

Esta enfermedad neurológica incapacitante es la más frecuente en adultos jóvenes y existen datos suficientes que apoyan la teoría de que un diagnóstico temprano es fundamental para lograr un mejor control de la enfermedad y un desarrollo más lento.

Es necesario, pues, controlar las primeras lesiones de la enfermedad ya que son la causa de la discapacidad posterior. La importancia del diagnóstico precoz se centra en lo que se llama ventana terapéutica, es decir, que la máxima eficacia terapéutica –limitación del desarrollo de las lesiones, reducción del número e intensidad de los brotes y retraso del desarrollo de discapacidad– se consigue iniciando el tratamiento de forma precoz.

Con la utilización de equipos de resonancia magnética nuclear (RMN) más precisos se ha logrado visualizar el daño axonal en una etapa previa a las manifestaciones clínicas de la enfermedad, lo que permite determinar el daño y comenzar el tratamiento con la mayor brevedad posible. Además, a través de esta técnica, se ha comprobado que en los pacientes con síntomas mínimos ya existe compromiso neuronal.

La resonancia y el análisis del líquido cefalorraquídeo permiten adelantar el diagnóstico y mejorar el tratamiento.

Los primeros síntomas de la esclerosis múltiple suelen pasar inadvertidos y esto constituye un grave problema al establecer un diagnóstico y un tratamiento precoces, importantes para el control de la enfermedad, ya que son esenciales para evitar la pérdida del tejido nervioso.

La resonancia magnética y el análisis del líquido cefalorraquídeo son, hoy en día, los métodos de detección precoz más eficientes y es necesario establecer los criterios que confirmen la enfermedad a partir del primer brote, lo que se conoce como síndrome clínico aislado.

La esclerosis múltiple es la primera causa de discapacidad por enfermedad en personas jóvenes y un mayor tiempo de evolución se corresponde con una mayor discapacidad. En la actualidad, se dispone de medicamentos efectivos y existe la expectativa de que van a surgir nuevas terapias en poco tiempo, por lo que resulta importante poder actuar de forma precoz sobre estos pacientes.

La resonancia magnética es la técnica de imagen más sensible para diagnosticar la esclerosis múltiple y en esta prueba se pueden evidenciar lesiones inflamatorias en el cerebro o en la médula recientes y otras lesiones no activas o antiguas (ya han pasado la fase de inflamación), lo que muestra el criterio de diseminación temporal, es decir, el carácter evolutivo de la dolencia.

El análisis del líquido cefalorraquídeo se ha convertido en otra herramienta básica para confirmar el diagnóstico y conocer el pronóstico de la enfermedad. El 95% de los pacientes muestran bandas oligoclonales de IgG (un tipo de inmunoglobulinas) en su líquido cefalorraquídeo, lo que se interpreta como una característica autoinmune de la enfermedad. Por otra parte, en 2008 se validó la presencia de IgM (inmunoglobulina) como característica de una peor evolución. Esta peor evolución se detecta en los pacientes con linfocitos BCD5+ (productores de IgM), ya que estos anticuerpos se fijan a los lípidos de la mielina que rodea las fibras nerviosas y provoca su deterioro. Este hallazgo es muy importante, ya que puede relacionar la lesión con un componente concreto de la mielina y abre la puerta a diseñar terapias que se concreten en esta diana terapéutica.

El estudio del líquido cefalorraquídeo es muy útil tanto en los pacientes con síndrome clínico aislado como en los que ya se ha diagnosticado la enfermedad. La presencia de bandas IgG confirma que el paciente va a tener más riesgo de recaídas en el futuro y, por tanto, más riesgo de desarrollar esclerosis múltiple. Si el paciente, además, tiene bandas IgM, es muy probable que tenga un segundo brote dentro de los 12 meses siguientes. Este hallazgo puede ayudar a establecer los criterios que permitan comprobar el diagnóstico de esclerosis múltiple en los pacientes con un primer brote, ya que distintos estudios sugieren que el daño, que se ha producido antes de la medicación, no se recupera.

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