Tabaquismo - En Profundidad - El fumador pasivo

La inhalación involuntaria de  humo por parte de personas no fumadoras que se encuentran en el lugar donde se fuma, se denomina "tabaquismo pasivo"
Los fumadores pasivos se tragan involuntaria y peligrosamente un humo aún peor que el que inhala directamente el fumador con la calada.
El humo ambiental del tabaco puede producir graves enfermedades coronarias, cáncer de pulmóno crisis asmáticas.

El humo del tabaco que se difunde y ocupa el ambiente causa el llamado "tabaquismo pasivo": obligar a las personas que comparten el espacio en el que se fuma a la inhalación de ese humo. Los fumadores pasivos se tragan involuntaria y peligrosamente un humo aún peor que el que inhala directamente el fumador con la calada. El tabaquismo pasivo ocupa el tercer lugar entre las causas de muerte evitable en todo el mundo. Los niños y las mujeres embarazadas son la población más vulnerable a sus efectos.

En el humo ambiental las concentraciones de sustancias muy tóxicas, como el monóxido de carbono y la nicotina, son mayores que en el de la calada (tres veces más nicotina y alquitrán, y cinco veces más monóxido de carbono). De este modo, se ha encontrado que las concentraciones de alquitrán y monóxido de carbono en fumadores pasivos son parecidas a las de un fumador activo de cinco cigarrillos diarios.

Una persona que está ocho horas diarias en una habitación de 30 m2 en la que se fuman tres cigarrillos por hora aspira una cantidad de humo equivalente al de dos o tres cigarrillos.

Aun cuando las concentraciones de humo de tabaco a las que se puede ver expuesto el fumador pasivo van a depender del número de cigarrillos fumados, la ventilación y las dimensiones, la temperatura y la humedad de la habitación en la que se encuentre. De lo que no hay duda es de que el humo ambiental del tabaco puede producir graves enfermedades coronarias, cáncer de pulmón, crisis asmáticas y un mayor número de infecciones de las vías respiratorias. A estas últimas son más vulnerables los recién nacidos y los niños en general, las mujeres embarazadas y los enfermos crónicos, especialmente los que sufren enfermedades respiratorias.

El que los fumadores pasivos, pese a aspirar cantidades importantes de humo de tabaco, no lleguen a desarrollar dependencia como los fumadores activos puede parecer sorprendente, pero tiene su explicación. Pese a las elevadas concentraciones de nicotina presentes en el humo ambiental, el fumador pasivo la absorbe en una proporción muchísimo menor que la persona fumadora. Por otra parte, en la aparición de dependencia a la nicotina influye de manera determinante la rapidez con que aquélla llega al cerebro. Para que en el cerebro se produzcan las reacciones que provocan la adicción, la nicotina ha de llegar a él de forma rápida, que es lo que ocurre con la calada profunda que realizan los fumadores activos. En estos, la nicotina llega a su cerebro en sólo siete segundos, lo que no se da en el caso de los fumadores pasivos.

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