La continuidad de los tratamientos con psicofármacos durante el embarazo debe ser evaluada de forma personalizada

Durante la gestación los problemas mentales o psicológicos se pueden agravar, con el consecuente riesgo para la madre y el bebé

Durante el embarazo, los médicos deben evaluar de forma personalizada si las futuras madres pueden o no continuar con sus posibles tratamientos con psicofármacos, como antidepresivos o ansiolíticos. Aunque algunos de estos medicamentos pueden afectar al crecimiento y a la salud del feto, se debe valorar, asimismo, la salud de la madre frente a una retirada o modificación del tratamiento, especialmente en el caso de enfermedades graves, como la epilepsia o la esquizofrenia. Desde las clínicas de reproducción asistida Ginefiv, el doctor Joaquín Llácer, director médico, explica que "antes de decidir si se cambia o no un tratamiento se debe valorar el beneficio para la paciente frente al riesgo potencial de producir una alteración fetal. Además, en esta decisión es importante contar con la implicación de la futura madre, quien debe entender los pros y contras".

Estas implicaciones se suman al contexto actual de España, país que en 2020 encabezaba el consumo mundial de ansiolíticos, hipnóticos y sedantes según datos de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE). A su vez, datos del Ministerio de Sanidad reflejan que durante 2021 aumentó la prescripción de ansiolíticos y antidepresivos a lo largo del país. "Estos fármacos son necesarios para el control de enfermedades o problemas mentales, también en las mujeres embarazadas. Durante la gestación hemos visto que estos se pueden ver agravados si no se realiza un buen seguimiento, pudiendo perjudicar la salud de ambos, madre y bebé", desarrolla el doctor Llácer.

De entre los psicofármacos, se ha demostrado que el consumo de litio, así como las benzodiacepinas o los antidepresivos tricíclicos, entre otros, pueden afectar a la salud del feto al aumentar el riesgo de malformaciones fetales, problemas perinatales o retrasos del crecimiento. A pesar de ello, es posible estudiar el cambio del tratamiento a un fármaco que tenga el menor riesgo conocido. En palabras del experto, "será preferible usar el menor número de fármacos posibles. En muchas ocasiones, incluso un solo medicamento es la mejor elección para asegurar la calidad de vida de la madre y someter al bebé al menor riesgo posible".

Lo que es importante, como incide el ginecólogo, es no dejar el tratamiento de forma abrupta cuando se desea tener un hijo. El abandono del tratamiento sin pautas médicas y sin un adecuado seguimiento puede provocar una recaída y generar efectos secundarios.

Evaluación del tratamiento previamente a la concepción

Las mujeres y familias que planifican con antelación su embarazo o que recurren a técnicas de reproducción asistida para conseguirlo pueden consultar con los médicos su situación personal y valorar, en conjunto, la idoneidad de cambiar el tratamiento incluso antes de haber conseguido el embarazo. Por su parte, en los centros de reproducción asistida se realiza un perfil completo de la paciente para tener en cuenta todas sus necesidades y asegurar la máxima seguridad durante los procedimientos.

Esta valoración de los tratamientos prescritos va a ayudar no solo a la seguridad del feto en el futuro próximo, sino que también contribuirá a conseguir el embarazo, ya que algunos psicofármacos se relacionan con una reducción de la fertilidad. "Se ha comprobado por ejemplo que los antidepresivos y los medicamentos para prevenir las convulsiones pueden producir ciclos anovulatorios y modificar los niveles hormonales. En el caso de los hombres esto pueden afectar a la calidad seminal y a la función sexual", explica Llácer.

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